Cuando los sueños de los niños se ven envueltos en los límites de la cultura social
- Marion Ximena
- 14 abr 2019
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 23 abr 2019
Ensayo institucional de Ética aplicada

La desesperanza aprendida es probablemente uno de los temas más controversiales de la psicología moderna, ya que es una condición social que afecta a la conducta y el pensamiento de las personas, en la que aprenden a creer que están indefensas, que no tienen ningún control sobre su entorno y que cualquier cosa que hagan es inútil. Debido a esto, permanecen pasivas frente a situaciones dolorosas o nocivas, incluso cuando existe una posibilidad real de cambiar las circunstancias. (Flores Muñoz, González Salamanca and Isaza de Gil, 2013). La desesperanza aprendida le impide a la gente alcanzar su propia superación, pero ¿será posible que podamos programar nuestro propio fracaso?
Mi interés por este concepto en particular parte de un proyecto que realicé en la comunidad Las Joyas en conjunto con mi clase de ética, persona y sociedad. Ahí pude observar las condiciones de vida que existen en la zona y como estas evitan que los niños y jóvenes desarrollen todo su potencial y busquen su propio crecimiento.
Las Joyas es uno de los polígonos en desarrollo más grandes del municipio, siendo el tercero más poblado de acuerdo con el INEGI. Las condiciones sociales, culturales, económicas y de vida (salud, educación, vivienda, seguridad, etc..) han impedido que se dé un progreso social, generando en consecuencia un alto nivel deserción escolar y bajo aprovechamiento de los niños y jóvenes en las escuelas. El Proyecto Solidaridad Las Joyas atendió a tres escuelas, una de ellas fue la Escuela Telesecundaria 1070, a donde llevamos actividades que fomentaran los valores éticos, la formación humana y el interés por continuar los estudios. Tanto el director de la telesecundaria como el Tecnológico de Monterrey (Academia de Ética y Ciudadanía) han estado comprometidos con la comunidad y su desarrollo. Sin embargo, derechos tan básicos como a la vida y al desarrollo, a no ser discriminados, a vivir en condiciones de bienestar, por mencionar algunos, se ven vulnerados debido a las condiciones de vida y la poca consciencia social que existe sobre el tema.
La situación en Las Joyas refleja claramente como el no aplicar la ética en la vida diaria tiene repercusiones sobre la propia comunidad, sobre la ciudad y a largo plazo, sobre la nación, y con base en esta experiencia, me di cuenta que la desesperanza aprendida es la que limita el desarrollo y la conducta social de los niños y jóvenes de las Joyas en condiciones de pobreza. Pero para llegar a una conclusión efectiva y propuestas aplicables, primero debemos entender que es lo que causa la desesperanza aprendida y después buscar que herramientas pueden a abrir su panorama y mejorar sus oportunidades.
Los niños de las Joyas, están sujetos a ciertas condiciones económicas, sociales y culturales, al igual que la mayoría de nosotros, pero cuando estas se tornan situaciones que no son capaces de controlar generan patrones de pensamiento y comportamientos de frustración e indiferencia hacia la vida. Esto provoca que opten por actuar pasivamente ante sus circunstancias, en un estado constante de desaliento, olvidando sus sueños y oportunidades, y dando pie a consecuencias graves.
Los jóvenes representan en México el grupo más vulnerable. La depresión, la ansiedad, la violencia, el consumo de sustancias adictivas y los problemas económicos y familiares potencian la tragedia [el suicidio]. Los niños y los adolescentes, al igual que los adultos, sienten que hay dificultades que no pueden superar […] (González Tovar, J; Hernández Montaño, A. 2012)
Pero, realmente los niños no perciben la posibilidad de influir en su entorno, así que simplemente fluyen con él, tomando las oportunidades tal cual les son impuestas y formando su crecimiento y desarrollo con base en ellas. Las personas que viven en desesperanza viven de manera pasiva, inconscientes de su propia habilidad para generar un cambio. Y aunque los niños “no dejan de crecer y desarrollarse” debido a la desesperanza aprendida, si vemos que su aprendizaje y su autoestima, así como la percepción que tienen acerca de su entorno, de sí mismos y de su capacidad de prosperar, se ve coartado. Y es que, aun teniendo las mejores oportunidades enfrente, el mismo patrón de pensamiento influido por esta conducta social les impide generar una visión a futuro más profunda, a la vez que sigue existiendo el problema de su falta de iniciativa para buscar nuevas oportunidades por sí mismos, ya que de otra manera solo estarían generando dependencia hacia su entorno.
La indefensión o desesperanza aprendida al afectar los patrones del pensamiento, también afectan las conductas que mantenemos con la sociedad. El fenómeno de la desesperanza nos habla de un proceso dónde aprendemos a través de las experiencias que vivimos, o mejor dicho de las consecuencias que estas tienen en nuestro estado de ánimo. Este proceso provoca que adquiramos o eliminemos comportamientos según la emoción que nos provoque su resultado. Aunque por sí mismo esto no parecería un problema sino una forma de adaptación dirigida hacia nuestro propio bienestar, el inconveniente radica en el impacto que estas “experiencias negativas” tienen en nuestra consciencia y por ende en nuestras futuras decisiones. Kant con su imperativo categórico decía: "Obra de tal manera que la máxima de tu conducta se adecúe a tu propia condición de habitante de la frontera". O lo que es lo mismo: "Llega a ser lo que eres" (Trias, 2000). Y con esto, el imperativo marca dos posibilidades, vivir y crecer dentro de los limites o ubicar esos límites y crecer a partir de ellos. En realidad, podríamos decir que la pasividad en la toma de decisiones y las conductas sociales es un fenómeno muy personal, ya que la consciencia de cada persona es completamente diferente. Por esta razón podríamos decir que la desesperanza aprendida sólo afecta al individuo y a aquellas conductas que están directamente relacionadas con su propio desarrollo. Pero, aunque efectivamente, la desesperanza aprendida se desarrolla en la psique de cada persona, las consecuencias de la misma se ven reflejadas en todas sus conductas, ya que los patrones de pensamiento que se forman a través de la indefensión aprendida van más allá de la pasividad en los comportamientos sociales (afectando la interacción con el entorno y con los demás), incluso interfiriendo en cómo desarrollamos nuestra opinión.
Además, la influencia de situaciones de crisis a nivel social tiende a desarrollar un sentimiento de desesperanza aprendida colectiva, en donde se pueden visualizar tres grandes factores: 1. Pasividad o indiferencia por la situación 2. Falta de información sobre la misma (se la juzga a priori) 3. Falta de respuesta o capacidad para generar un cambio. Esto daña la percepción de las personas de manera individual, pero también provoca un daño en la estructura social, provocando que la división entre los sectores de la población sea aún mayor.
Ahora, la desesperanza aprendida y la pobreza son fenómenos codependientes que generan ciclos viciosos dentro de la sociedad. La desesperanza aprendida provoca que las deficiencias de la sociedad sean aún más evidentes, acrecentando aún más la brecha social. El letargo que genera la indefensión aprendida es lo que da pie a los patrones mentales que originan la condición psicológica de carencia, la cual es uno de los varios componentes de lo que conocemos como pobreza. De acuerdo al informe del CONEVAL en 2014, el número de personas que se encuentran en condiciones de pobreza en el municipio de León en 2010 fue de 600,145 habitantes, equivalente al 37.8% de la población, de los cuales el 33.6% se encuentra en situación de pobreza moderada y el 4.2% en pobreza extrema. (Observatorio Ciudadano de León, 2016).
Podríamos decir que la pobreza es la causa de la desesperanza, ya que las condiciones de vida que se dan a partir del entorno, en donde existen severas necesidades y carencias, y contribuyen al desarrollo de conductas, actitudes y pensamientos sustentados en una condición psicológica de indefensión aprendida. Pero, aunque la desesperanza aprendida si forma parte de los componentes básicos de lo que conocemos como “pobreza”, en realidad esta condición se da en cualquier extracto social, e incluso fomenta un comportamiento social en donde los que viven fuera de las condiciones de pobreza ejercen presión sobre aquellos que viven en escasez, ambos siendo víctimas. Por esto, podemos decir que la desesperanza aprendida en realidad es el catalizador de las disfunciones estructurales de la sociedad y de las conductas dañinas de interacción entre los diferentes sectores. Si las personas pudieran darse cuenta de lo que provoca la indefensión aprendida y de sus consecuencias, probablemente tendríamos una sociedad mucho más equitativa y funcional.
Después de trabajar en la comunidad de Las Joyas, me percaté de la importancia de la Responsabilidad Social Universitaria que, como dice Vallaeys, exige articular a la institución [ITESM] en un proyecto de promoción social de principios éticos y desarrollo equitativo y sostenible, para transmitir saber responsable y formar profesionales ciudadanos responsables. Po esto, creo que mi deber es continuar la labor que comencé a través de 1. El Consejo de Ética Universitario del Tec Campus León (CUE), el cual estoy ayudando a formar, y 2. Con el apoyo de CUE implementar proyectos de concientización y desarrollo social dentro de las escuelas, permitiendo mejorar la calidad de vida, y la cultura social, y fomentar los derechos humanos.
“Vivir” es realizar potencialidades (García, 2007), y que mejor que buscar una sociedad más ética y consciente a través de enaltecer la dignidad humana de sus ciudadanos.
García, L. (2007). Precisiones conceptuales y algunas opiniones de un filósofo inspiradas en noticias destacadas y en la vida cotidiana (1st ed.). Manizales, Colombia: Editorial Universidad de Caldas.
Ruiz, Y. P. G., & Grisales, M. C. G. (2013). Bajo rendimiento académico: desesperanza aprendida una mirada desde la complejidad del sujeto. Plumilla educativa, (12).
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